Los eventos meteorológicos y climáticos extremos son cada vez más frecuentes, intensos y complejos —impulsados por el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación ambiental, y agravados por conflictos armados, la inseguridad alimentaria, el desplazamiento y las epidemias. Sin embargo, una gran parte de estas crisis es previsible, y los pronósticos y los sistemas de alerta temprana siguen mejorando, proporcionando información cada vez más confiable sobre dónde, cuándo y con qué magnitud golpeará una amenaza.
Esta combinación de necesidades crecientes y mayor previsibilidad es la razón fundamental de la acción anticipatoria. La acción anticipatoria vincula los pronósticos y la información de alerta temprana con acciones concretas y mecanismos de financiación, de modo que las medidas de protección puedan tomarse antes de que un desastre se desarrolle por completo. Si bien la acción anticipatoria tiene su origen en el abordaje de eventos meteorológicos extremos, como tormentas, inundaciones o sequías, el enfoque se está extendiendo cada vez más a otros contextos: amenazas no meteorológicas como brotes de enfermedades o plagas de langostas, los impactos humanitarios del movimiento de población, o los incendios forestales.
Un cuerpo creciente de evidencia muestra que actuar tempranamente de esta manera es más digno y puede ser más costo-eficaz que la respuesta humanitaria tradicional y reactiva por sí sola, y que puede reducir las pérdidas y el sufrimiento antes de que ocurran, en lugar de solo aliviarlos a posteriori. El valor de un sistema de alerta temprana, además, a menudo depende menos de la precisión del pronóstico que de la capacidad de actuar en consecuencia. La acción anticipatoria puede contribuir a cerrar esa brecha.
Es importante destacar que la acción anticipatoria no es un sustituto de las inversiones a más largo plazo en la reducción del riesgo. Fortalece la capacidad de gestionar los riesgos de manera eficaz y ayuda a reducir el riesgo residual que no es abordado a través de los esfuerzos más amplios de reducción del riesgo de desastres y de preparación a más largo plazo.